lunes, 18 de abril de 2016

Democracia liberal o Nación Latinoamericana



El Estado: Gestor de las Corporaciones Transnacionales


Tenemos un problemita con las democracias latinoamericanas. El sistema bipartidista parece ser una gestoría por turnos de las grandes transnacionales… 

 ¡Turno de la derecha!



Hay gestores de centro izquierda y gestores de centro derecha, gestores con discursos guevaristas y gestores sínicos, gestores con sensibilidad social y gestores con pánico a lo popular.

Pero gestores son todos, administran la cosa pública para que los CEO´S no tengan inconvenientes de llevar adelante sus negocios. Son buenos administradores, prácticos, pragmáticos como Picheto, hábiles como Caputo. Ustedes políticos encárguense de la política que para eso les pagamos. Déjennos a nosotros los negocios.

¿De que trabaja un gestor?  Hace trámites, es un cadete especializado. El gestor es un técnico, un profesional que no se hace muchas preguntas sobre la vida. Vos págame y yo te lo resuelvo. Es un burócrata sin ideología que también puede hacer de la ideología la justificación de su burocracia. Carece de una política de fines, administra “lo que hay”, no tiene ninguna finalidad, se alinea y disciplina con la más cruda e insensible obediencia debida al dinero.

¿Qué está pasando con las democracias latinoamericanas? 

El Estado pasó a ser la gestoría de las grandes corporaciones transnacionales. Los gobiernos son gerenciadores, me acuerdo de Racing Club cuando se privatizó la administración. Ya no es el socio ni el afiliado el dueño de su club. Ahora es “otro” el que maneja las cuentas, ese otro que no es la Patria, ni es hincha ni es afiliado. Ese otro que ni es del club porque no siente la camiseta. Simplemente se dice que sabe llevar las cuentas. Y así hacen también con los países. Y cuando el gerenciador-político no les sirve lo meten al microondas mediático hasta achicharrarlo y chau. Que pase el siguiente.

Estos gerentes se disfrazan de políticos expertos. Los expertos de “la política”. Políticos profesionales que deben tener determinado perfil socio-cultural, algún ahorro abultado y todos los dientes para poder sonreír en tv.  Las grandes empresas no toman a cualquier croto. La política pasa a ser una actividad suplementaria y subordinada de las empresas, una “Subgerencia de relaciones Políticas”. 

Imaginémonos el organigrama de la Barrick Gold y entre los cuadraditos que dicen “Compras”   o “Personal” uno que dice “Política” y abajo el nombre de Gioja. O ver en las oficinas de Monsanto una foto enmarcada de Barañao como Empleado del Mes.

Ni hablar del actual gobierno donde directamente es atendido por sus propios dueños. ¿Se imaginan a Aranguren siendo cagado a pedo por su  jefe de Shell?  Más bien creo que le van a dar un aumento. ¿Para quién trabaja el Ministro de Energía?


La farandulización de la política y la politización de la farándula

La política aparece como esa cosa de los multimillonarios que a veces sienten piedad por los de abajo. Los políticos pertenecen ya al mundo de la tele, de las vedetes, de la farándula. Xipolitaquis bajando línea. Santiago del Moro… ¡Que cuadrázo!


¿En qué momento aceptamos que la política pasa por la tv y por las pantallitas?
¿Estamos militando cuando vemos Intratables? ¿Cuándo nos indignamos con Navarro?

¡No me tapes la tele que estoy militando!

¿Qué hacen todos esos chetos bronceados hablando de política? Le bajan el precio. Pero también le baja el precio a la política el diputado que va al set de tv y en vivo cree ganarle la discusión al panel. No compañero. El que gana es siempre el conductor. El conductor, como decía el General, es el que conduce y eso los medios lo entendieron muy bien. Mejor que muchos “cuadros”.

El conductor del programa sintetiza, corta y resinifica, cambia de tema, pone el eje de la discusión, ridiculiza lo que no le gusta a la producción (que es la que le paga), enmarca y jerarquiza los temas de debate, ubica las sillas de los panelistas y baja la línea editorial. Como un cuadro definiendo un plenario: conduce. Resultado: la simulación de una discusión democrática como un circo de gritones y un carilindo que pone orden.

Prestándose a la cacofonía de gritos histéricos el tipo que se formó para ser político cree que ahora sí que le va bien porque mucha gente lo está viendo. Pero ojo. Se puede ser popular (masivo) y no conducir ni un colectivo. Ejemplos sobran.


La política ¿es popular?

¿Cómo ven eso que llamamos “la política” los cartoneros, la que vende tortillas en el cruce, el que todas las mañanas se lo empoman en el tren, el campesino desahuciado, la mamaza embrazada haciendo la cola para el plan? ¿Yo puedo ser un político? Nah… Si no tengo ni pa comer…

Politizar a la sociedad se puede hacer desde Canal Encuentro. Pero hacer de nuestra sociedad una sociedad más política se hace desde abajo, construyendo ese arte que consiste en aprender a tomar decisiones colectivas, en decidir cómo comunidad. ¿Y cómo vamos a aprender a decidir en comunidad si todo viene masticado de arriba?

Se nos está escapando lo mejor de nuestra cultura política que es el animarse a la discusión franca, a los gritos pero con respeto y sinceridad, en ronda, en asamblea, en plenario. El vedetismo televisivo se nos metió en la práctica política y tenemos oradores y lenguaraces a los que nadie interrumpe y les perdonamos todo.

La reunión de barrio, para decidir las cosas del barrio, entre los que son del barrio, eso no va a salir en la tele. Pero eso es política.

Debemos hacer de la política algo que se parezca más a nuestros pueblos, que tenga gustito criollo, como esos guisos que se hacen despacito para comerlos entre muchos y no esas comidas rápidas para deglutarlas solos en la mesita del rincón.

Una política invisible, que no avisa, que se construye en la articulación de las redes populares de las organizaciones, que no anda buscando el  “me gusta” del facilismo digital, que pone el cuerpo y crece desde el pie.
No lo olvidemos: la revolución no será transmitida


La interna de La P.J. (La Personería Jurídica)

El Partido Justicialista es una cascara hueca, una simple personería jurídica sin doctrina ni movimiento. Un partiducho de aspirantes a gestores de la cosa pública. Lejos está de ser la expresión legal de un Movimiento de Liberación Nacional. La Comunidad Organizada, base filosófica del peronismo, es ignorada o insultada en sus conceptos por las prácticas ruines de gobernantes que entregan los recursos de sus provincias al imperialismo transnacional. Esos no son peronistas. 

Deberían ser expulsados del partido quienes coquetean con el poder económico en perjuicio de sus pueblos y en beneficio de sus bolsillos. Aunque lo disimulen como los bolsillos de la política. Peronistas que no entienden la cuestión ambiental ni que el Papa Francisco se los explique en persona. No han leído la última encíclica Laudato Sí, ni conocen los discursos del sumo Pontífice en contra de la contaminación minera y los agronegocios.

 Ese partido ya no tiene nada que ver con el peronismo. Ha quedado desactualizado, convertido en una convicción pragmática, reduciendo la doctrina espiritual del Justicialismo a un toma y daca de oportunistas y traidores.

El problema de los argentinos es un problema político y no se resuelve con partidos ni frentes sino con una verdadera, genuina y ruidosa participación popular.

Sobran personerías. Falta PUEBLO

Primero hay que ir a donde está el agua. Después se piensa en el recipiente.




El río se ríe de los que pasean a su lado con grandes baldes vacíos.





Pájaro 

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